Un pequeño territorio pero todo un universo.

Ainhoa, Pays Basque

© Alban GILBERT/CRTA

A caballo con España, el País Vasco es un territorio no muy extenso en su parte francesa, pero por su variedad forma todo un universo.

¿Cuál de tus sentidos logrará estimular primero? Tal vez la vista, porque desde los paisajes hasta la comida pasando por las fiestas, ofrece un compendio de armonía, colores y contrastes.

O bien el oído, con las canciones populares vascas y los sonidos de la vida diaria, de los cencerros de los rebaños a la lonja de pescado, porque aquí la montaña se sumerge en el mar. Esto nos lleva a evocar el sabor de los productos locales, el queso de oveja, la guindilla de Espelette, la cereza negra, tan sabrosa en el pastel vasco, así como los exquisitos platos con aromas españoles…

Por su parte, el sentido del tacto también contribuirá a hacerte descubrir el alma vasca, entre la suavidad de los tejidos vascos o de los cuidados de talasoterapia y la rugosidad de las piedras discoidales o de las crines de los pottoks.

Biarritz, Pyrénées-Atlantiques

© CDT64

Biarritz

Aquí la luz acaricia el océano y la localidad con un toque cinematográfico… Una sinopsis del guión: exterior día, la jornada comienza en una de las playas de la ciudad costera en compañía de los Osos Blancos, un jovial grupo de habitantes que se bañan los 365 días del año.

El yodo te abre el apetito, realizas un alto en el taller-museo del chocolate: ¡la educación de los niños es importante!

Un travelling de tu recorrido a lo largo del paseo de la playa, donde las mansiones de la época de la emperatriz Eugenia permiten realizar unos fastuosos flash-back. Llegas justo a la hora de la comida de los otarios en el Museo del Mar: ¡la educación de los niños no está reñida con la diversión!

Mañana, le tocará el turno a la Ciudad del Océano y su museografía interactiva. Mientras que tu media naranja disfruta de un campo de golf con vistas sobre el océano, tú vuelves a la playa para una clase de surf – aquí es donde el director de Hollywood Peter Vietel inició a los pioneros franceses del surf durante su estancia en septiembre de 1957.

Una visita a la Oficina de Turismo para recoger información sobre las exposiciones en curso y los diversos festivales que tendrán lugar a lo largo de todo el año.

Exterior noche: estás sentado en un restaurante del viejo puerto, el reflejo de las luces, el marisco… ¡Niños, es hora de irse a la cama!

Pyrénées Atlantiques, Pays Basque, Labourd,  Saint-Jean de Luz

@ Jean Jacques BROCHARD / CRTA

La costa vasca

A lo largo de unos 40 kilómetros, las localidades de la costa vasca se suceden pero son todas distintas.

Lo mismo ocurre con los paisajes, que ofrecen una alternancia de playas, bahías, calas y acantilados.

Anglet es la playa más cercana a Bayona, la capital del País Vasco francés, festiva, gastronómica y fan de su equipo de rugby. Los edificios con entramado de madera rojo o verde de los muelles del río Nive merecen la visita.

Acabamos de presentarte algunas de las bazas de Biarritz; luego vienen Bidart y Getaria antes de llegar a San Juan de Luz, la ciudad corsaria. No debes perderte, a un lado, los edificios tradicionales vascos con unas vistas sobre la bahía hasta el fuerte de Socoa y, a otro, el puerto pesquero donde se mezclan los recuerdos de la caza de la ballena con los de la boda de la infanta de España y Luis XIV, teniendo como banda sonora el Bolero de Maurice Ravel, natural de la localidad…

Para llegar a Hendaya, justo en la frontera española, sigue el sendero del litoral que ofrece varias vistas destacadas de los acantilados que caen verticales en el océano y, al este, Larrún, que anuncia los montes vascos.

Guéthary, Pays Basque

© Alban GILBERT / CRTA

El País Vasco

Estos montes y valles forman el País Vasco interior. Se puede resumir en tres palabras: un pueblo, un campanario y un frontón.

Porque el corazón de los pueblos vascos es por supuesto el recinto donde se juega a la pelota vasca. A partir de estas tres palabras se pueden tejer numerosas escenas de la vida cotidiana, conocer a pastores y artesanos, probar los productos típicos como el Irouléguy, el vino que se produce en las laderas de las colinas. ¡Cálzate la alpargata tradicional en su capital, Mauléon, y lánzate a bailar! Escucha a los narradores y a los intérpretes de txalaparta (percusión sobre planchas de madera).

Utilizan el euskera, la lengua vasca de carácter único, símbolo de una cultura que se preserva y se transmite. Y de un pueblo a otro se pueden descubrir las etxe (casas) impecablemente blancas y rojas o blancas y verdes; aquí, un monumento compostelano recuerda que en Ostabat, las principales vías se unen para formar el camino hasta Santiago; allá un rebaño de pottoks, pequeños caballos vascos surgidos en la Prehistoria.

Cinco pueblos han recibido la etiqueta de “pueblo más bello de Francia” (Aïnhoa, La Bastide-Clairence, Navarrenx, Sare et Saint-Jean-Pied-de-Port), pero son muchos más los que cuentan con ese sello propio del alma vasca.

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