La costa del País Vasco es muy diferente. En contraste con la rectitud de las playas de las Landas, presenta una alternancia de arena, rocas, acantilados, calas y bahías, con innumerables matices...
Del estuario del Adour hasta el del Bidasoa, los balnearios de la Costa Vasca ofrecen, en apenas 40 Kilómetros, paisajes, formas arquitectónicas, tradiciones, sabores o deportes que no podrá encontrar en ninguna otra parte.
Así, Bayona, capital del Labour (de las tres provincias vascas francesas, la que está abierta al mar) y elemento importante del patrimonio urbano vasco. Las casas blancas con entramados externos de madera rojos o verdes, alineadas a orillas del río Nive, las callejuelas del "Petit Bayonne" y su animación nocturna, las calles comerciales en las que encontrar el famoso chocolate, sin olvidar el Museo Bonnat y el Museo Vasco recientemente reabierto... son algunos de los atractivos que no se tiene que perder.
La misma diversidad en Biarritz, “reina de playas y playa de reyes”, desde que Eugenia de Montijo y su imperial esposo, Napoleón III convirtieron a este pueblo en el lugar de veraneo privilegiado de la aristocracia europea. Los más diversos estilos arquitectónicos se unen aquí, como se mezclan en las playas las apacibles familias y los apasionados surfistas. El surf, que desembarca en la costa vasca en 1956, confiriéndole un innegable toque juvenil, se ha convertido rápidamente en una auténtica tradición, como el fandango (baile) o la sardinada (gastronomía).