La Bahía de Arcachon: un mar interior de un azul intenso
La Bahía de Arcachon es, en primer lugar, una curiosidad geomorfológica: Una
bahía de 1.500 hectáreas, alimentada al mismo tiempo por el océano y por
numerosos ríos y arroyos que desembocan en ella. Un mar interior con los
colores de un lago, bordeado por una corona dorada de fina arena que culmina a
104 metros de altura en la reina de las dunas: El
Pilat. Desde su cumbre se puede contemplar también el frondoso mar verde
del bosque de las Landas.
La
Bahía de Arcachon también es la ciudad epónima y su célebre
barrio de invierno. Lugar de las primeras estancias por motivos de salud,
Arcachon se convirtió ulteriormente, a partir de su fundación oficial, el 2 de
mayo de 1857, en un lujoso balneario en el que residieron soberanos españoles,
duques de Rusia y artistas...
Los otros municipios de este especial lugar son otras tantas perlas del
mismo collar. Cada cual tiene su historia: en Andernos se mezclan
armoniosamente ruinas galo-romanas, recuerdos de Sarah Bernhardt y un festival
de jazz. Cada cual se beneficia de un panorama diferente sobre la Bahía, con
aspecto de laguna durante la marea baja, en Ares o en Gujan-Mestras, situadas
al fondo de la Bahía.
Una formidable reserva natural
Todos los municipios se reencuentran en torno al cultivo tradicional de la ostra,
ya cantada por el escritor Ausone en el siglo IV. Por eso se ven tantas
estacas -llamadas "pignots"-, tan típicas de los paisajes de la bahía, que
protegen las nasas y delimitan las parcelas de cada productor. Y por todas
partes, puertos ostrícolas en los que se puede degustar con sencillez una
docena de ostras y su peculiar y exquisita salchicha (la “crépinette”).
Para visitar esta formidable reserva natural por el lado del bosque, la
mejor manera es ir pedaleando por las pistas
para bicicletas. La pinaza, embarcación tradicional, es
ciertamente el medio más adecuado para los paseos acuáticos.
A
bordo de éstas podrá usted admirar las famosas cabañas “tchanquées” (sobre
pilotes), llegar a la Isla de los Pájaros –la Bahía es una parada de descanso
en el camino de numerosas aves
migratorias– y llegar hasta el Banco de Arguin, cerca de los “passes”
(canales navegables que fluctúan con las mareas) que abren la Bahía al océano.
Justamente, por el lado del océano, la península del Cap
Ferret, su pueblo de Herbe, su capilla argelina o sus caminos de tierra
batida, ofrecen otra variedad inmensa de bellezas y placeres. Se necesita un
poco de ánimo para subir los 275 escalones del faro y poder disfrutar de la
inigualable vista sobre la Bahía. Pero si se anima, a pocos metros encontrará
la playa oceánica del Grand Crohot y sus catorce dunas para descansar...