Visitar un castillo es como redescubrir al niño, al poeta, al historiador o al médium que todos llevamos en nuestro interior...
Porque apoyarse en la misma pared del Castillo de Pau en la que posiblemente estuviera apoyado siglos atrás el rey Enrique IV, o contemplar el lago del Castillo de la Brède desde la misma ventana que su ilustre propietario y autor del EspÃritu de las Leyes, Montesquieu... ¡es como volver al pasado!
Con un poco de imaginación, divisará a lo lejos a los caballeros dejando una nube de polvo levantada por el galope de sus caballos. O imaginará las batallas libradas al pie de la muralla o en el patio del Castillo, las justas caballerescas para conquistar a una bella doncella...Â
El poeta, sin duda, se sentirá inspirado contemplando la magnÃfica vista panorámica desde la ciudadela de Blaye. AllÃ, el Garona y el Dordoña reunidos forman el estuario del rÃo Gironda, ya casi llegando al mar… El mismo mar que más al sur viene a romper contra los muros del Fuerte de Socoa, en Ciboure, cerca de San Juan de Luz.
Desde las alturas del Valle del Dordoña a las de los Pirineos, de las orillas sombreadas del estuario a las curvas onduladas del Agenais, en el rigor de la Edad Media o la belleza del Renacimiento, los castillos y fortalezas de Aquitania constituyen una gran variedad de paisajes, arquitecturas y capÃtulos de la Historia de Francia que no se cansará de ver y rever.Â