Centros de vida edificados a lo largo de los siglos, nuestros pueblos le contarán -cada cual a su manera- la historia , el carácter y la vida cotidiana de Aquitania. Aún no están tan lejos los tiempos de los coches de caballos atravesando el burgo, o el de las gabarras cargadas de mercancÃas y amarradas a puerto, en la parte baja del pueblo.
Todo ese pasado resurge al deambular por las apacibles calles y callejuelas. Reparar en una puerta atÃpica, toparse con un artesano apasionado o tomar un café en una terraza para disfrutar del ambiente… Placeres de ayer y de hoy.
En las bastidas de Aquitania, siga el rastro de la Guerra de los Cien Años, escuche el tintineo de las espadas de los ilustres mosqueteros en sus pueblos natales del Béarn o siga los pasos de los primeros peregrinos en su largo viaje a Compostela...
Otra manera de visitar Aquitania consiste en recorrer sus pueblos vitivinÃcolas, ya que desde Saint-Emilion a Jurançon, pasando por Buzet, la viña es el tÃpico paisaje de la región. Otras posibles visitas temáticas: las casas de escritores, los pueblos de agua...Y sin duda, la mejor de todas: ¡la que usted vaya inventando en función de sus propios gustos!Â
Quince pueblos de Aquitania han sido ya incluidos en el catálogo de los “más bellos pueblos de Franciaâ€. Pero son muchos más los que merecen su atención...
Constituyen un entrañable patrimonio que podrá descubrir al ritmo de las estaciones y las fiestas tradicionales.
Pueblos con mil encantos que no debe perderse por nada del mundo. Algunas sugerencias...
Desde las alturas de Saint-Emilion se puede contemplar el tupido alfombrado de viñedos que rodea esta ciudad medieval. Tanto la ciudad como los viñedos que la rodean han sido declaradas “Patrimonio Mundial de la Humanidad†por la UNESCO. Bajar por sus calles adoquinadas le permitirá descubrir a numerosos artesanos fabricando mil maravillas: ropa, objetos de decoración o riquÃsimos "macarons" (pasteles locales).
Vianne es la única bastida de Aquitania con nombre de mujer. Construida en 1284 a orillas del rÃo Baïse , ha conservado desde entonces su muralla, sus 4 puertas y sus torres de defensa. La iglesia, que data también del siglo XIII, es un ejemplo magistral de arte románico. En el verano, el mercado nocturno añade una nota más al buen ambiente habitual del burgo.
El pueblo fortificado de Domme domina el rÃo Dordoña y ofrece un panorama excepcional sobre esta parte del Périgord Negro, llamado asà porque en él se encuentran los célebres diamantes negros: ¡las trufas! Algunos templarios presos en la Porte des Tours marcaron para siempre sus muros con graffitis.
Ainhoa se encuentra a algunos metros de la frontera española, en el corazón del PaÃs Vasco. Las casas, con sus entramados de madera roja y verde a la vista, alinean armoniosamente sus balcones floridos a lo largo de la calle principal. Sopladores de vidrio, escultores de madera y otros artesanos dan vida durante todo el año a este pueblecito tÃpico de la provincia vasca de Labourd.