Para empezar, el rojo y el blanco de las ferias de las Landas y el País Vasco se suceden de junio a agosto.
Encontramos las fiestas de Saint-Sever, Aire-sur-l’Adour, Hagetmau, Mont-de-Marsan y Dax (primera ciudad termal de Francia), sin olvidar las famosas fiestas de Bayona.
Corridas, bodegas, carreras de traineras, bandas y otras celebraciones, para gozo de todos los “fiesteros” presentes – más de 100.000 en Bayona.
Tras el rojo y el blanco, completan los colores típicos el verde y el blanco: el verde de los pastos y el blanco de la piel del cordero.
La tradición pastoril sigue estando viva en los Pirineos y cada año, a principios de junio, se celebra la trashumancia a Lourdios-Ichère en el valle de Aspe. Cantos, bailes y comidas animan la jornada.
A continuación, tenemos el negro del carbón que cubre la cara de Olentzero, carbonero que baja las montañas del País Vasco para anunciar que los días empiezan a alargarse. Con el tiempo, se ha convertido en otro Papa Noel.
Y acabamos con el color púrpura del vino, que se festeja en toda Aquitania, y especialmente en Burdeos, cada dos años alternando con la fiesta del río.
A principios de julio, Burdeos celebra la fiesta del vino durante cuatro días y cuatro noches en las que las degustaciones dan paso a desfiles de cofradías, conciertos y fuegos artificiales.
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